La demencia, un conjunto de enfermedades que afecta la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas, podría estar relacionada con múltiples trastornos de salud más allá del cerebro. Así lo señala una revisión sistemática publicada en Nature Human Behaviour, donde científicos analizaron más de 200 estudios y detectaron que 16 enfermedades periféricas presentan una asociación estadística con el riesgo de desarrollar esta condición que afecta a más de 55 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Enfermedades periféricas y su impacto en el riesgo de demencia
La investigación, liderada por Zhenhong Deng y Yuxin Yang de Sun Yat-sen University, examinó 26 patologías distintas utilizando datos médicos recopilados hasta septiembre de 2024. Los resultados mostraron que 16 enfermedades presentan un aumento significativo del riesgo, representando aproximadamente el 33,18% del peso global de la demencia, lo que equivale a unos 18,8 millones de casos. Los expertos destacaron que, a diferencia de lo que se creía, el deterioro cognitivo no siempre estaría vinculado únicamente a lesiones cerebrales directas.
Entre las enfermedades identificadas destacan:
Enfermedad periodontal (6,10%)
Cirrosis y enfermedades hepáticas crónicas (5,51%)
Presbiacusia y pérdida auditiva (4,70%)
Ceguera y alteraciones graves de la visión (4,30%)
Diabetes mellitus tipo 2 (3,80%)
Insuficiencia renal crónica (2,74%)
Artrosis (2,26%)
Accidente cerebrovascular (1,01%)
Cardiopatía isquémica (0,97%)
Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (0,92%)
Los investigadores también incluyeron otros trastornos inflamatorios y cardiovasculares, como la fibrilación auricular, la artritis reumatoide, el asma, la esclerosis múltiple y la enfermedad inflamatoria intestinal, que en conjunto podrían influir en el desarrollo de la demencia.
Nuevas claves para la prevención y la salud pública
El estudio sostiene que hasta el 45% de los casos de demencia podrían prevenirse o retrasarse si se controlan factores de riesgo modificables. Los científicos observaron que tanto el bostezo cerebral como el flujo sanguíneo podrían estar relacionados con mecanismos fisiológicos más complejos de lo que se pensaba, sugiriendo que enfermedades periféricas podrían alterar procesos inflamatorios y metabólicos que impactan indirectamente en el sistema nervioso.
A pesar de la robustez estadística, los autores aclararon que los resultados evidencian correlación y no causalidad directa. No obstante, consideran que estos hallazgos refuerzan la necesidad de nuevas estrategias de prevención, diagnóstico temprano y tratamiento, enfocadas en la salud integral del cuerpo para reducir el impacto global de la demencia en las próximas décadas.


