Salud

Hace 4 horas

¡Qué estrés! El calor también afecta la mente: por qué las altas temperaturas influyen en el estado de ánimo

Especialistas advierten que el calor extremo altera el sueño, la hidratación y la función cerebral, incrementando la irritabilidad y la ansiedad.

¡Qué estrés! El calor también afecta la mente: por qué las altas temperaturas influyen en el estado de ánimo

Especialistas advierten que el calor extremo altera el sueño, la hidratación y la función cerebral, incrementando la irritabilidad y la ansiedad.




El aumento sostenido de las temperaturas no solo impacta en el cuerpo, sino también en el equilibrio emocional y la salud mental. Diversos estudios científicos han confirmado que el calor extremo puede intensificar sensaciones de irritabilidad, agotamiento, ansiedad y dificultades para concentrarse. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha advertido que las olas de calor —cada vez más frecuentes— representan un riesgo creciente para la salud humana, con efectos que trascienden lo físico y alcanzan el bienestar psicológico y social.

Especialistas explican que el calor altera funciones biológicas clave, como el sueño y la regulación hormonal. La interrupción del descanso nocturno, sumada a la deshidratación y a cambios en neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, influye directamente en el estado de ánimo. Investigaciones citadas por expertos en salud mental señalan que incluso incrementos leves de temperatura por encima del promedio habitual se asocian con un mayor riesgo de síntomas depresivos y de ansiedad, especialmente en contextos de exposición prolongada.

Calor extremo y cerebro: qué ocurre a nivel neurológico

Desde la neurología se advierte que el cerebro es particularmente vulnerable al estrés térmico. Cuando la temperatura corporal se eleva por encima de ciertos umbrales, se produce una redistribución del flujo sanguíneo para disipar calor, lo que puede afectar el rendimiento cognitivo, la memoria y la atención. Además, la combinación de calor, presión arterial baja y deshidratación deteriora la transmisión sináptica y puede agravar enfermedades neurológicas preexistentes, sobre todo en adultos mayores.

A ello se suman factores conductuales propios del verano, como cambios en la rutina, mayor actividad social nocturna, consumo de alcohol y uso excesivo de pantallas. Este conjunto de hábitos puede generar un “estrés neurobiológico silencioso” que pasa desapercibido, pero incide en la fatiga mental y el malhumor. Frente a este escenario, los especialistas recomiendan medidas simples pero efectivas: mantener una hidratación constante, priorizar el descanso en ambientes frescos, ordenar los horarios de trabajo y ejercicio, reducir el uso de dispositivos antes de dormir y adoptar una alimentación ligera que favorezca el sueño y el bienestar emocional.


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