En su cruzada comercial de 2025, Donald Trump ha vuelto a dar de qué hablar con una lista de aranceles que, en cierto punto, parece sacada de un sorteo al azar. Rusia, Bielorrusia, Corea del Norte y Cuba están exentos de sus nuevos aranceles “reciprocos” del 10 %, pero sí aparecen pequeñas islas perdidas en el mapa, muchas sin población humana. ¿La razón? “Ya tienen sanciones”, dice la Casa Blanca, aunque Rusia aún mantiene un superávit comercial con Estados Unidos. Para algunos, esto no es más que un guiño geopolítico disfrazado de lógica económica.
Pingüinos sancionados, oligarcas no tanto
Entre los destinos alcanzados por las nuevas tarifas aparece el archipiélago subantártico de las Islas Heard y McDonald. ¿Su pecado? Tener pingüinos y estar bajo soberanía australiana. Sin habitantes humanos ni industrias reconocidas, este santuario natural ha sido víctima del lápiz rojo de Trump. También se impusieron aranceles a Tokelau y las Islas Cocos, territorios con menos población que un crucero promedio. Mientras tanto, el comercio real con Rusia, que en 2024 superó los 3.000 millones de dólares, sigue sin enfrentar nuevas barreras.
Australia expresó su desconcierto cuando descubrió que también la Isla Norfolk, parte integral de su territorio, fue sancionada con un arancel del 29 %. Los empresarios locales no logran entender por qué, dado que su principal industria es el turismo y sus exportaciones a EE.UU. UU. son casi inexistentes. Algunos, como el dueño de una empresa de hormigón, atribuyen todo a un “simple error”. Otros se preguntan si el algoritmo comercial de Trump se programó con Google Maps en modo aleatorio.
Para Canadá y México, los aranceles ya estaban puestos desde antes, aunque ahora quedaron fuera de esta nueva lista. Lo que parece un ejercicio de política exterior se ha convertido en una tragicomedia comercial donde los pingüinos paganos los platos rotos de una guerra arancelaria sin brújula. Y mientras las islas sin nombre enfrentan la furia de Washington, el Kremlin respira tranquilo.