El dinosaurio carnívoro más famoso de la historia vuelve a sorprender a la ciencia. Un análisis minucioso de fósiles ha revelado que el desarrollo del T. rex fue muy distinto a lo que los investigadores creían hasta ahora.
Un estudio publicado en la revista científica PeerJ determinó que el Tyrannosaurus rex no alcanzaba la adultez de forma rápida, como sostenían los modelos clásicos, sino que experimentaba un crecimiento lento y constante a lo largo de gran parte de su vida. El hallazgo se basa en el análisis de anillos de crecimiento presentes en huesos fosilizados, comparables a los de los árboles, que permiten reconstruir el desarrollo anual del animal.
ANILLOS OCULTOS EN LOS HUESOS FÓSILES
El equipo científico logró identificar anillos de crecimiento previamente invisibles mediante cortes óseos examinados con luz especial y el uso de algoritmos estadísticos avanzados. “Este es el conjunto de datos más grande jamás recopilado sobre el T. rex”, explicó Holly Woodward, autora principal del estudio y profesora de Anatomía y Paleontología de la Universidad Estatal de Oklahoma.
Según la investigadora, estos anillos son extremadamente tenues y no habían sido contabilizados en estudios anteriores, lo que llevó a interpretaciones incompletas sobre la edad real de los ejemplares analizados. Gracias a esta nueva metodología, los científicos pudieron reconstruir con mayor precisión la trayectoria de crecimiento del depredador.
DESARROLLO MÁS COMPLEJO DE LO ESPERADO
El análisis incluyó 17 especímenes de distintas etapas de vida, desde juveniles tempranos hasta adultos de gran tamaño. Los resultados muestran que el T. rex atravesó una larga fase juvenil, lo que habría permitido que los individuos jóvenes ocuparan diferentes nichos ecológicos y redujeran la competencia dentro de la especie.
El estudio también plantea interrogantes sobre la clasificación de algunos fósiles, como los ejemplares conocidos como “Jane” y “Petey”, cuyas curvas de crecimiento difieren del resto. Los autores no descartan que puedan pertenecer a otra especie, como el Nanotyrannus, aunque también podría tratarse de individuos con anomalías biológicas.
Finalmente, los investigadores destacan que esta combinación de técnicas de muestreo ampliadas y estadísticas innovadoras podría aplicarse al estudio de otros dinosaurios, abriendo la puerta a revisiones profundas sobre cómo crecían y evolucionaban los gigantes que dominaron la Tierra al final del Cretácico.



