El Gobierno de Estados Unidos reiteró a través de declaraciones de su secretario de Estado, Marco Rubio, que no permitirá que países que considera “competidores” utilicen América Latina como plataforma de operaciones estratégicas. Esta postura, difundida también por la Embajada de Estados Unidos en el Perú, forma parte de una línea diplomática más amplia que busca reafirmar la influencia estadounidense en la región tras recientes acciones como la intervención en Venezuela, las cuales han sido interpretadas como un intento de contener la presencia de actores externos en el hemisferio occidental.
Juan Acosta, docente de negocios internacionales de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), afirmó que este tipo de mensajes no detendrán las inversiones que China u otras potencias han consolidado en el país. “La declaración estadounidense no va a frenar los flujos de capital de economías como la china en el Perú, dada la magnitud de su participación en sectores clave”, explicó, subrayando que el papel del Estado peruano debe centrarse en posicionar al país como un destino abierto para inversiones, independientemente de las banderas que las promuevan.
Repercusión geoeconómica para el Perú
Anthony Medina Rivas Plata, internacionalista, advirtió que el Perú tiene la posibilidad de capitalizar su ubicación geopolítica y su perfil económico para atraer capital extranjero diversificado, siempre y cuando se explique con claridad la naturaleza de proyectos como el megaproyecto portuario de Chancay. Medina sostuvo que el megaport —que busca consolidarse como un nodo de integración comercial con Asia y otros mercados— no representa una amenaza para la seguridad de Estados Unidos, sino una oportunidad para fortalecer la economía peruana en un contexto global competitivo.
Este escenario pone en evidencia que el Perú se encuentra en un momento clave para definir su estrategia de inserción en el sistema internacional. No se trata únicamente de manejar relaciones bilaterales con Estados Unidos, sino de equilibrar vínculos con diversos actores globales sin comprometer la soberanía ni la autonomía económica. Dado que las inversiones chinas, particularmente en infraestructura y comercio, han ido en aumento en la región, Lima enfrenta el desafío de armonizar estos intereses con las expectativas de Washington sin verse arrinconado en una lógica de polarización.
Para los analistas consultados, la posición estadounidense también se interpreta como un componente de su política de seguridad hemisférica ampliada, que procura limitar la influencia de potencias que percibe como rivales en sectores estratégicos. De cara al futuro, esto obligará a los gobiernos latinoamericanos, incluido el peruano, a definir con mayor claridad sus prioridades de política exterior y a articular estrategias que promuevan inversiones estables y respeto por la soberanía, observando que el contexto global no se limitará a una sola relación bilateral en materia comercial o estratégica.


